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En 1996, James Ivory dirigió el largometraje Surviving Picasso, basado en la biografía Picasso. Creator and destroyer (1996), de Arianna Stassinopoulos Huffington, si bien el título hace un evidente guiño, no exento de humor, a las memorias de la pintora Françoise Gilot, Vivre avec Picasso (1965), donde ésta narra la complejidad y dificultades de sus años de convivencia con el artista. No es lo mismo vivir que sobrevivir, verbo que  el diccionario de la Academia define como vivir después de la muerte o de un determinado sucesovivir con escasos medios o en condiciones adversas.


La inauguración en Málaga, en octubre de 2003, del museo dedicado al más célebre de sus hijos tuvo lugar en medio de una situación marcada por la generalización de una centralidad  creciente del papel de  la cultura en el interior de la economía postfordista, a la vez que su progresiva disolución en el interior de las lógicas propias del libre mercado.


EL Museo Picasso Málaga apareció entre nosotros como encarnación local del fabuloso hechizo del “efecto  Guggenheim”, como punta de lanza de un plan estratégico de revitalización urbanística orientada a la reconversión de la economía local a las exigencias del capitalismo global: el museo como activador de la reinvención de las ciudades como polos de atracción de inversiones y turismo.


Dentro  de la lógica de la creciente importancia otorgada a la dimensión económica de la cultura, difícil resulta imaginar más afortunada coincidencia que la posibilidad de asociar la imagen de la ciudad a una “marca” que aporte el capital simbólico de que es capaz la figura de Picasso: esta circunstancia bastaría por sí mismo para explicar la resuelta reinvención de la ciudad en torno a este hecho.

Ahora bien, siendo innegables las ventajas que este tipo de explotación aporta a Málaga en la competición entre ciudades que caracteriza a la nueva economía postindustrial, en la lucha por atraer inversiones y eventos, es decir, un lugar el mercado turístico global, no puede oscurecer la consideración de que cualquier tipo de monocultivo, por más que se trate de una práctica altamente rentable si se contempla desde una perspectiva exclusivamente mercantil, entraña riesgos desastrosos respecto a la sustentabilidad de un ecosistema.


La diversidad es indispensable para la supervivencia, también en el ámbito de la cultura y de las prácticas artísticas. La vitalidad de una cultura no se puede medir por la capacidad institucional de convocar en mayor o menor grado multitudes en torno a iniciativas de gran proyección mediática.


El rescate público de Picasso en Málaga se remonta, cómo mínimo a la colocación, en 1961, de una placa conmemorativa en la que se dice casa en que nació, a iniciativa del notario Blas Piñar, pero no será hasta la apertura  del Museo Picasso cuando se alcance un punto de no retorno en la expansión, masificación y explotación del fenómeno, al estar su inauguración precedida por una campaña  mediática dirigida a la producción de consenso social en torno a su conveniencia y carácter no sólo beneficioso sino ineluctable. Expresiones del tipo "ahora o nunca" o "última oportunidad" en la boca y en la pluma de los más destacados opinion makers locales fueron tejiendo día a día una red entre la expectación y el pánico (¿qué se espera de nosotros?, ¿estaremos a la altura?) ante una ineludible cita con el destino.

Hoy,  casi una década más tarde, la cultura local ¿ha superado o aún se encuentra presa del shock de aquella traumática anagnórisis? Desde el día después  un fantasma recorre, omnipresente, la ciudad, impregnando los templos y los antros, erigido en la vara de medir y de contabilizar todo tipo de expresión cultural. Y a los artistas y creadores, y no sólo a éstos sino a cualquier vecino de esta Ciudad Picasso, urge repensar y negociar nuestra existencia bajo la amenaza permanente de ser devorados por ese Saturno magnánimo y ubicuo; es necesario aprender a convivir con el prodigio y la excepcionalidad si aspiramos a desarrollar una práctica cultural y artística con la mínima normalidad deseable: De qué modo sobrevivir a Picasso.